Tengo el corazón lleno de amor, que recuerda el brillo de tus ojos.
Cual velero de alta mar, se llevó tu corazón y con el mi amor.
En cada amanecer, en cada atardecer, tu figura llega tal cual imagen amada.
Rosas rojas para tu tumba, amado mío, cada una de ella es una lágrima, que bañan mis mejillas y dejan el sabor amargo del dolor.
Como gaviota volaste un día, cuando menos pensabas me dejaste.
Todos lloran, todos recuerdan, pero aquí en este lugar tan poco imaginado, queda alguien, que te quiso, que te amó todos estos años, en silencio, desde lejos y que ni tú jamás lo has imaginado.
Cada vez que escucho tu voz, es a mí sola a quien cantas, es a mí a quien dedicas, todo eso que te sale desde el alma.
Tu hiciste tu vida, yo la mía, por caminos diferentes que nos dio la vida.
En cada día de tu dolor y tu angustia, por esa enfermedad que era la mía, tu no podías respirar el aire de la vida, yo no podía respirar tu amor de cada día.
¡La vida lo ha querido así!, como dice uno de tus poemas, pero desde dónde estés siempre sabrás que nunca te olvide, que a pesar de todo algún día te encontraré.
Con el alma dolorida por tu ausencia, con el corazón partido por el dolor,
Sólo atino a dejarte rosas rojas en tu tumba y decirte de todo mi amor.
Ya el sol es diferente, los caminos son ásperos y largos, el cielo parece más opaco, la lluvia más torpe y mala, las flores perdieron su aroma y la vida más triste y amarga.
Todos lloran tu ausencia, todos recuerdan tu voz, pero a mí me queda tu cariño, aunque jamás me conociste mi amor.
El que está allí arriba lo sabe, fue un amor en silencio, desde lejos, siguiendo tus pasos, sintiendo la alegría de las tuyas, viviendo en cada esquina de tu vida.
Hoy me has dejado, tanto a mí como a muchos que te han amado.
Pero tú te quedas aquí, en cada rosa roja de mi jardín
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